CONTAMINACIÓN EN LA BAHÍA
- Eliana Lucía Diazgranados

- 16 mar 2018
- 3 Min. de lectura
El lunes pasado era el día perfecto para llevar a cabo un plan maestro. Había decidido que ese día me iría para la bahía de Santa Marta a hacerme pasar por una reportera extranjera que trabajaba para un newspaper cuyo nombre surgiría por la presión de la primera entrevista que realizara.
Escogí ese lugar porque padece de una enfermedad llamada contaminación y quería saber por qué sigue tan sucio y maloliente si es tan recurrido por cientos de personas diariamente. Sabemos que Santa Marta es reconocida alrededor del mundo por ser un destino turístico gracias a sus hermosas playas y la pionera, por su longevidad es la bahía. Podría decir que allí se vive un buen ambiente, pero este no es el caso, pues desde hace un tiempo se le ve triste y abandonada.
El objetivo era ganar credibilidad con la vestimenta típica de la gringa mochilera que va a la playa: shorts, camisilla para que se notara el top del vestido de baño, chancletas y un morral. Y lo más importante: el acento. Aunque el inglés es un idioma que domino casi a la perfección, no es tan fácil tratar de hablar español con un acento extranjero.
Así que me fui a pie, para meterme en el papel desde el principio y conseguir que las fuentes me dieran información sin dudar de mi identidad. Tenía que hacerlos comerse el cuento.
Apenas pisé al malecón sentí el olor putrefacto que pareciera que emanara del inframundo.
Comencé a andar por ahí, sonriéndole a todos lo que cruzan miradas conmigo – imitando a los extranjeros que me encontré en una visita al Parque Tayrona hace dos años- y ficho a dos fuentes potenciales; una pareja de ancianos sentados a la sombra de una carpita alquilada.
Me dispuse a poner a prueba por primera vez mis dotes de actriz. Dejé los nervios atrás y me les acerqué. Me presenté como pensé que lo haría un periodista gringo de mi generación a lo que reaccionaron con una expresión desconcertada, entonces lo hice en un español no muy golpeado y supieron que me llamaba Hannah Smith, que trabajaba para el glorioso New York Times y mi tarea era recopilar información sobre la contaminación en las playas de Latinoamérica.
Los Solano me contaron que estaban muy desilusionados de encontrar el sitio bastante descuidado por los turistas y sobre todo por sus propios habitantes. Concluí con eso que la imagen que algunos turistas tienen de la playa se ha ido tintando de un verde grisáceo, producto de los hedores y la basura tirada que la brisa arrastra hasta el mar.
Les dije “bye, bye” y seguí caminando hasta encontrarme con unos trabajadores de INTERASEO, con los que no he tenido muy buena experiencia. Quería saber si alguno querría concederme una entrevista y por sorpresa, después del protocolo de introducción uno de ellos me soltó su nombre y empecé a entrevistarlo. Me dijo que iba a comenzar a laborar y para no perder la oportunidad me le pegué al recorrido. La gente nos miraba como bichos raros.
El señor Fredy me aseguró que durante su jornada de limpieza encuentra más desechos en el suelo que en las canecas, que la falta de conciencia de las personas, “de ustedes los turistas sobretodo”, es la bacteria más fuerte de la enfermedad que sufre ‘la bahía más hermosa de América’.
Después de todo no se equivocaba. Eso y descuidados procesos de construcción de obras cercanas al malecón, que prescindieron de un alcantarillado para el desagüe de las instalaciones han sido los catalizadores de lagunas de desechos en varias partes de la bahía, pues la única solución que los responsables encontraron fue desviarlo todo a la playa.
Luego de mi “vive un día como periodista extranjero” me senté a asimilar toda la información y llegué a tres conclusiones: la primera, no depende mucho de cómo hacer para obtener una simple entrevista, depende de quién seas para hacerlo; la segunda, la cuestión no es de pasar la voz y decir ¡LIMPIEN LA BAHÍA! ¡ACABEMOS LA CONTAMINACIÓN!, es más de actuar para dar un buen ejemplo; lo que me lleva a la tercera, el hecho de estar ahí y haberme metido en un papel para obtener respuestas no me hace menos inconsciente que el resto de la sociedad.
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